Hace unas semanas estaba intentando escribir un artÃculo en la cafeterÃa de la esquina de mi departamento. TenÃa música suave, un café delicioso y la idea romántica de ser productiva fuera de casa. Pero después de 30 minutos, mi concentración se habÃa evaporado: el barista hablaba fuerte, alguien a mi lado tenÃa una videollamada y la mesa era tan angosta que no podÃa apoyar mis anotaciones.
Al dÃa siguiente
intenté escribir en mi rincón favorito de casa, con una taza de té y silencio
absoluto. La diferencia fue enorme: las ideas fluyeron y terminé el borrador en
menos de la mitad del tiempo.
Ese contraste me
recordó lo que explica M.H. Pelletier en su libro The Resilience Plan: los
contextos importan tanto como las tareas que hacemos. Son los factores
internos y externos que pueden impulsar o drenar nuestra resiliencia.
Hacer
visible el contexto
Los contextos no
son solo fÃsicos. Incluyen nuestro estado interno (emociones, salud fÃsica,
motivación) y el entorno externo (lugar de trabajo, cultura organizacional,
apoyo social). Muchas veces nos esforzamos por cambiar nuestros hábitos, pero
ignoramos que estamos luchando contra un contexto que nos sabotea.
Por eso, el
primer paso es mapear el entorno. Un ejercicio útil es dividir una hoja
en cuatro cuadrantes:
• Fortalezas:
¿qué aspectos de tu contexto te favorecen? (por ejemplo, colegas solidarios,
buena luz natural en tu espacio de trabajo).
• Obstáculos
internos: ¿qué hábitos o creencias te drenan? (como la autocrÃtica excesiva
o la dificultad para pedir ayuda).
• Apoyos externos:
¿quiénes o qué recursos te respaldan? (mentores, programas de bienestar, amigos
que te escuchan).
• Estresores
externos: ¿qué factores te generan tensión? (ruido constante, mucho frÃo, falta
de herramientas adecuadas).
Solo ver estos
elementos en papel puede darte claridad sobre qué ajustes pequeños pueden hacer
una gran diferencia.
Crear
entornos que trabajen a tu favor
Una vez que
identificas los factores que drenan tu energÃa, puedes diseñar estrategias para
minimizarlos. Por ejemplo:
• Si el ruido te
desconcentra, usa auriculares con cancelación de sonido.
• Si tu entorno
fÃsico es caótico, dedica 10 minutos a ordenarlo antes de empezar la tarea.
• Si tu contexto
emocional está saturado, programa pausas de desconexión entre tareas intensas.
Contextos
en los equipos
Los jefes pueden
influir poderosamente en el contexto de su equipo. Un entorno que promueve la
seguridad psicológica, donde es válido expresar dudas y pedir apoyo,
aumenta la resiliencia colectiva. También es clave:
• Clarificar
prioridades para que las personas no trabajen a ciegas.
• Garantizar
recursos básicos (tiempo, herramientas, información).
• Sincerar y
ajustar la carga de trabajo en periodos de alta presión.
Un equipo puede
incluso hacer su propio mapa de contextos en una sesión de trabajo
colaborativo, para identificar qué factores los están impulsando y cuáles los
están frenando. Esto genera conciencia y abre conversaciones sobre posibles
mejoras.
Mi
ajuste personal
Después de ese
dÃa en la cafeterÃa, decidà ser más intencional con mi entorno. Ahora tengo dos
lugares de trabajo: uno para tareas creativas (mi rincón tranquilo en
casa) y otro para actividades más mecánicas donde el ruido no me afecta
tanto. Este simple cambio aumentó mi concentración y me devolvió energÃa.
Porque, al
final, no se trata solo de hacer más —sino de diseñar el lugar y el momento
adecuados para hacer cada cosa—. Ese es el poder de ajustar los contextos:
transformar el entorno en un aliado de nuestra resiliencia.
Lima, 7 de octubre
del 2025
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