Hace unos meses dije ‘sí’ demasiadas veces. Sí a ese proyecto extra, sí a dar una capacitación un sábado, sí a ayudar a un colega con su presentación, sí a una reunión que podía haber sido un correo. Al final de la semana, me encontraba contestando mensajes a las 10 de la noche, con la espalda encorvada y el cerebro funcionando en modo automático.
Lo más curioso
es que nadie me pidió que lo hiciera todo. Fui YO quien llenó mi agenda hasta
el tope. En ese momento entendí que las exigencias no solo vienen de fuera:
muchas veces somos nosotros mismos quienes las multiplicamos.
Identificar
el peso invisible
M.H. Pelletier explica
en su libro The Resilience Plan, que las exigencias son todas las
responsabilidades actuales y futuras que consumen nuestra energía, no solo las
del trabajo. Incluyen tareas domésticas, compromisos familiares, metas
personales, actividades sociales, incluso el autocuidado que a veces se
convierte en obligación (como ir al gimnasio cuando estamos exhaustos).
Cuando nos
hacemos consciente de esta carga, llega el desgaste. Por eso, el primer paso es
ponerle nombre al peso que llevamos: escribir todas las tareas, compromisos y
expectativas que tenemos para esta semana, el solo verlas en papel ya es un
alivio.
Cómo
hacer una auditoría de exigencias
Haz una lista de
todo lo que ocupa tu mente: reuniones, entregas, compromisos, actividades de
mantenimiento, incluso pensamientos como “debería llamar a X”. Luego, clasifícalas
en tres categorías:
1. Imprescindibles
– no se pueden delegar ni eliminar.
2. Delegables
– alguien más puede hacerse cargo.
3. Negociables
– puedes posponerlas, acortarlas o cancelarlas.
Esta práctica es
muy poderosa porque transforma el caos mental en un mapa visible.
Aprender
a decir ‘no’ (sin sentir culpa)
Decir ‘no’ no significa ser poco profesional, sino priorizar lo que realmente importa. Algunas frases útiles pueden ser:
• “Ahora no
puedo comprometerme, pero puedo ayudarte a buscar otra solución.”
• “Podría
hacerlo para el próximo mes, esta semana tengo mi agenda al límite.”
• “Gracias por
pensar en mí, en este momento no puedo asumirlo.”
En el caso que
lideres equipos de trabajo, recuerda que el buen liderazgo requiere hacer
visibles las exigencias del trabajo en lugar de dejarlas en el plano implícito.
Por ello, en la próxima reunión de tu equipo traza en la pizarra tres columnas:
lo que el equipo está haciendo, lo que permanece en espera y lo que viene en
camino.
Esta sencilla
dinámica no solo ordena el flujo de tareas, sino que genera un momento de toma
de conciencia colectiva. Muchas veces el problema no es la falta de compromiso,
sino el exceso de carga. Al hacer visible el trabajo, los jefes pueden
priorizar, redistribuir y proteger el bienestar del equipo, creando un ambiente
donde la productividad y la salud laboral coexistan de manera sostenible.
Cómo
aliviar la sobrecarga en equipo
• Priorizar
juntos: Identificar las tres tareas críticas que realmente mueven el
resultado.
• Renegociar
plazos: Hablar con otras áreas o con la dirección sobre lo que puede
ajustarse.
• Distribuir
de forma equitativa: Evitar que siempre las mismas personas reciban las
tareas urgentes.
La resiliencia de un equipo se fortalece cuando hay seguridad psicológica: un ambiente donde cualquiera pueda decir “necesito ayuda” sin miedo a ser juzgado. Una estrategia eficaz consiste en cerrar cada reunión con esta pregunta: “¿Hay algo que debamos quitar de la lista para poder hacer bien lo que queda?” Este tipo de conversaciones no solo normalizan hablar de la carga de trabajo con la misma seriedad que se habla de resultados. También fomenta la gestión consciente de las emociones cultivando una cultura organizacional más saludable y sostenible.
Hoy, cuando
alguien dice “esto es demasiado”, no debemos interpretarlo como queja, sino
como una señal de alerta para revisar prioridades y actuar en conjunto.
Fomentar la resiliencia no es presionar al equipo con frases de aliento tipo “¡Vamos,
tú puedes con todo!”, “¡Esfuérzate, confío en ti!”, que transfieren toda la
responsabilidad al individuo para acelerar el trabajo. La resiliencia no se
trata de eso: se construye revisando prioridades, apoyando a cada miembro para
que mantenga el rendimiento, cuide su bienestar emocional y logre resultados de
calidad a largo plazo.
Lima, 30 de setiembre
del 2025
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